Durante 2010 y 2011
Carabaguíaz, presidente del Incofer, será el Secretario General de dicho ente ferroviario
Costa Rica presidirá por dos años la Asociación Latinoamericana de Ferrocarriles (ALAF), la elección fue de la secretaría general de la asociación que recae en Miguel Carabaguíaz, actual presidente del Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer). Lo anterior se dio como parte de la realización en San José del seminario técnico internacional donde participaron expertos en el tema de trenes.
Ayer mismo, Carabaguíaz señaló a LA PRENSA LIBRE que esta elección llena al país de grandes elogios y a la vez viene a dar fortaleza a los grandes esfuerzos que se han hecho para revivir un ferrocarril prácticamente enterrado.
Indicó además que a nuestro país le trae beneficios en lo que respecta a acercarse de una manera más ágil a las buenas experiencias en Latinoamérica en el desarrollo de trenes de pasajeros, de carga, urbanos e interurbanos.
“Es un gran honor estar en este puesto, que a la vez le genera grandes beneficios en el tema ferroviario al país, pues en esta asociación participan empresa públicas y privadas que manejan trenes a lo largo de Latinoamérica y suman mucha experiencia, misma que es rica para los proyectos se están poniendo en práctica acá”, dijo Carabaguíaz.
Cabe destacar que la ALAF está constituida desde el año 1964 y formada mayoritariamente por empresas ferroviarias e industrias del sector. Asimismo, en dicha asociación es la primera ocasión que un representante centroamericano sea quien ocupe el cargo de Secretario General.
La sede de dicha asociación es en Buenos Aries, Argentina, no obstante Carabaguíaz ejercerá su cargo desde Costa Rica, aunque no se descarta su participación en varios eventos a realizarse en el país suramericano.
Alianzas
Cabe destacar que como Costa Rica fue ayer la sede de la 45 Asamblea General de la ALAF, se aprovechó este evento en suelo nacional como estrategia dentro del proceso de la reactivación del ferrocarril en nuestro país. En el tema del intercambio de experiencias e incluso en programas de cooperación entre los países asociados. Asimismo en cuanto a los temas pendientes para Costa Rica en lo referente a ferrocarriles que se abordaron ayer mismo destacó el transporte urbano e interurbano por ese medio de transporte, lo anterior tomando en cuenta los beneficios económicos que este trae.
Por ejemplo, en cuanto a la activación de los trenes entre Pavas y San Pedro y recientemente Heredia y San José, el jerarca destacó que estos movilizan entre 4 mil y 5 mil personas diarias y a la vez se reducen los tiempos de recorrido que permiten a este medio de transporte colocarse como la mejor opción desde casi cualquier punto de vista.
“Tenemos grandes beneficios que poco a poco se han observado con las puestas en operación de los trenes urbanos. Esperamos poner en operación otros proyectos pendientes como lo son Alajuela y Cartago”, dijo Carabaguíaz.
*Tomado de la Prensa Libre del 21 de noviembre del 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Galería de estaciones Parte 1
Esta es la primera entrega de las estaciones que se ubican en rutas A Limón como a Puntarenas. Todas fueron construidas a principios del siglo XX. Algunas fueron abandonadas, otras son alquiladas al Incofer ya sea como residencia o para actividades comerciales y/o fines culturales. Ojalá que les guste!!!

Siquirres

Turrialba

Juan Viñas

Cartago

Pavas

San Antonio de Belén

San Rafael de Alajuela

Ciruelas antes de que se incendiara. De aqui parte un ramal que iba a Alajuela. Era utilizado por el Ferrocarril Eléctrico al Pacífico sobre todo para acarrear trigo de Puntarenas hasta Molinos de Costa Rica

Turrucares

Cebadilla

Río Grande de Atenas

Escobal

Quebradas

Concepción Esta actualmente se encuentra abandonada

Orotina, esta tiene la particularidad de tener una espuela y una tornamesa para motocares

Coyolar
Siquirres
Turrialba
Juan Viñas

Cartago
Pavas
San Antonio de Belén
San Rafael de Alajuela
Ciruelas antes de que se incendiara. De aqui parte un ramal que iba a Alajuela. Era utilizado por el Ferrocarril Eléctrico al Pacífico sobre todo para acarrear trigo de Puntarenas hasta Molinos de Costa Rica
Turrucares
Cebadilla
Río Grande de Atenas
Escobal
Quebradas
Concepción Esta actualmente se encuentra abandonada
Orotina, esta tiene la particularidad de tener una espuela y una tornamesa para motocares
Coyolar
martes, 17 de noviembre de 2009
GRAVE DESTRUCCION
A continuación les presentamos un repotaje que hizo Noticias Repretel sobre los daños que ha hecho la concesionaria Autopistas del Sol de la autopista San José-Caldera en la linea ferrea.
http://www.youtube.com/watch?v=k_8kPckEYjY
http://www.youtube.com/watch?v=k_8kPckEYjY
martes, 15 de septiembre de 2009
Recolección de firmas para el tren a Cartago
Este 15 de septiembre el club de amigos del ferrocarril organizó una recolecta de firmas para llevar el tren a Cartago. En medio del ardiente sol, los desfiles y las celebraciones patrias en la vieja metropoli, los brumosos nu dudaban en llegar a firmar.



Unas payasitas llegaron al stand del club para firmar



Adultos y jovenes no dudaban en firmar


La belleza brumosa también llegó a firmar


Los miembros del club llamaban por megafono a los ciudadanos para que firmaran (arriba) y a la vez hacían fila para firmar

A eso de las 5 de la tarde se estaban recolectando las ultimas firmas del día

Los cartagineses "haciendole" barra al tren.

El club de Amigos del Ferrocarril posando en Las Ruinas
Se necesitarán 5000 firmar para que las autoridaes lleven el tren a la vieja metrópoli
Unas payasitas llegaron al stand del club para firmar
Adultos y jovenes no dudaban en firmar
La belleza brumosa también llegó a firmar
Los miembros del club llamaban por megafono a los ciudadanos para que firmaran (arriba) y a la vez hacían fila para firmar
A eso de las 5 de la tarde se estaban recolectando las ultimas firmas del día
Los cartagineses "haciendole" barra al tren.
El club de Amigos del Ferrocarril posando en Las Ruinas
Se necesitarán 5000 firmar para que las autoridaes lleven el tren a la vieja metrópoli
sábado, 12 de septiembre de 2009
SI al tren a Cartago

Este 15 de setiembre se estarán recolectando firmas para llevar el tren a Cartago en distintos lugares de la Vieja Metropoli. Se necesitan como maximo 5000 firmas para llevar el tren hasta la Ciudad de las Brumas.
Además se habilitó un correo para aclarar dudas y hacer consultas y/o comentarios sobre la puesta en marcha del tren. Dicho correo es crtrenes2009@hotmail.com
lunes, 17 de agosto de 2009
Los trenes del ayer
*Por Luko Hilje Quirós
Hoy que, por fin, el tren entre San José y Heredia es una realidad, con este artículo publicado hace cuatro años en Informa-tico (12-9-05), celebro tan lindo acontecimiento.
El solo anuncio del restablecimiento del tren urbano ha suscitado reacciones positivas, debido a las opciones frente a la crisis energética, al caos que representan las presas de vehículos en nuestra capital, etc. Pero, al menos en quienes ya sobrepasamos medio siglo de vida, provoca grata nostalgia.
Rememoro el serpenteante viacrucis por estaciones y andenes de calor reverberante, permeados por los olores de viandas y suculentas frutas veraniegas, el cual culminaba en aquella linda Puntarenas donde un día, desde la ventanilla de un tren madrugador (¡imagen indeleble y diáfana en mi retina y mi corazón!), conocí el infinito y reluciente mar, y colmé mis sentidos con aromas de marismas y de las enervantes fragancias de la reseda y el ylang-ylang.
Sin embargo, en realidad, ese tren significa muchísimo más. De niños, algunas tardes de sábado Ricardo y yo acompañábamos a nuestro hermano Adrián -quien era contabilista allí- a la estación central del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, donde varios de sus compañeros hacían rueda para disfrutar de nuestras ocurrencias infantiles, y ¡hasta nos daban propina con tal de que les recitáramos en chirrión los nombres de las capitales del mundo!
Asimismo, los hermanos Jorge -y su hijo Jorge Luis-, Walter y Joaquín Espinoza, primos de mi madre, así como Hernán Roldán, cuñado de ellos, trabajaban ahí, casi todos como maquinistas, por lo que cuando visitábamos sus casas nos deleitábamos con abundantes historias ferroviarias.
Además, mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el tren, pues los agudos y puntuales pitazos de la locomotora -que se iniciaban desde las 5 a.m.- ya estaban incorporados al reloj biológico de los habitantes de Sabana Sur. Al respecto, era célebre la anécdota de Paco Amerling -por vivir de las rentas, dormía hasta tarde- y a quien la empleada doméstica siempre despertaba al pasar el tren de las 9 a.m.; una mañana en que amaneció irritable, cuando ella le advirtió que ya venía el tren, respondió: “Idiay… ¡no friegue! ¡Acaso estoy durmiendo encima de la línea!”.
Pero, como la línea corría por todo el costado sur de La Sabana, la utilizábamos para divertirnos -en los regresos al mediodía desde la lejana Escuela Don Bosco- saltando entre los durmientes o haciendo de equilibristas sobre los rieles. También, a menudo colocábamos corcholatas -que hacían en una fábrica cercana, donde hoy está la Contraloría General de la República- y clavos sobre los rieles para que el tren las aplastara, y así contar con monedas ficticias y pequeñas navajas.
Estando en esas, más de una vez se nos paralizó la respiración, al percatarnos de que algún motocar o un tren extemporáneo se aproximaba veloz. E incluso nos tocó presenciar con tristeza, tras horrendos frenazos de agudísimos metales, la muerte de indigentes o ebrios, arrollados por el tren.
No puedo olvidar que muchos sábados por la noche corríamos con los primos a la esquina de La Floresta, para esperar el tren de regreso, seguros de que el tío Ricardo -cuando trabajaba en Barranca con el Consejo Nacional de Producción- lanzaría desde su ventanilla un gran saco con coyoles o castañas de fruta de pan, para que lo recogiéramos en el zanjón paralelo a la línea y lo lleváramos a su casa. Después él llegaba en taxi, y complementaba con jugosos marañones, nances y caimitos aquella frutería porteña.
¡Qué lindos recuerdos! Por eso es que me quedó un dolor de tren, un vacío irreparable en el corazón, cuando la torpeza del gobierno de José María Figueres lo clausuró, sin visión de futuro.
Y tan solo pude paliar esa ausencia hace pocos años en una visita a California, donde el tren me llevó por gran parte de su bella costa, y otra a Barcelona, cuando viajé a Francia a lo largo del espléndido Mediterráneo. Me transformé en niño, de nuevo, raudo ante el estático entorno que quedaba atrás, sintiendo el vértigo de volar en tierra, devorando con la mirada interminables horizontes de verdor y aguas azules. ¡Qué placer!
Bueno… y ya que algunos hoy hablan de restablecer en el futuro nuestros ferrocarriles más allá de la capital, no puedo sentir más que alegría. Porque, aparte del gusto en sí mismo de poder viajar de nuevo en tren, eso podría permitirme saldar una deuda pendiente con mis sentimientos: recorrer la vieja vía entre San José y Limón.
Nunca lo pude hacer. Eso sí, de seguro me detendría en esa querida estación de Turrialba para, inspirado en las bellas imágenes del amigo escritor Rafael Ángel Velásquez, “volver a sentir la primera sacudida del trepidante ferrocarril, rugiente forajido en el acontecer de aquel villorrio -soñoliento como lo está nuevamente hoy-, cuando el pitazo de la locomotora que, estornudando su vapor, se introdujo por la ancha puerta del siglo, dejando sus bocanadas de humo negro en un inagotable reguero, mientras se fumaba la hulla caracoleada en medio de nuestros montes. Gusano enorme que serpenteando nuestro inmenso río, llegó arrastrándose entre peñas y barrancos por sobre el canal de rieles, como lo imaginó nuestro soñador gobernante [Tomás Guardia], cuando decía, ferrocarril a todo trance, ferrocarril aún a través de lo imposible”.
Ese ansiado día quizás recitaré en silencio aquellos versos de Pablo Neruda dedicados a su hosco padre, quien fuera un maquinista cuya “vida fue una rápida milicia / entre su madrugar y sus caminos” y un grave día no regresó de su faena.
Diré que: “el ferroviario es marinero en tierra / y en los pequeños puertos sin marina -pueblos del bosque- el tren corre que corre / desenfrenando la naturaleza, / cumpliendo su navegación terrestre”. Y lo haré mirando con deleite los pequeños poblados linieros que un grato día de hace más de 30 años pude ver desde aquel viejo tren de la Northern Railway Co. en el breve trayecto entre Limón y Penshurt, rumbo a Cahuita.
Esas imágenes se incrustaron en mi corazón y mi memoria, no solo por el desmesurado verdor de tan exuberantes tierras caribeñas, sino sobre todo por la impronta indeleble de una raza y una cultura negras que llegaron para construir el ferrocarril y -a pesar del paludismo devastador de los obreros italianos y chinos, así como de tantas otras adversidades- ahí están incólumes, con irreductible vigencia, enriqueciendo nuestra nacionalidad.
Sí, ¡que regresen los trenes del ayer! ¡Por favor!
Hoy que, por fin, el tren entre San José y Heredia es una realidad, con este artículo publicado hace cuatro años en Informa-tico (12-9-05), celebro tan lindo acontecimiento.
El solo anuncio del restablecimiento del tren urbano ha suscitado reacciones positivas, debido a las opciones frente a la crisis energética, al caos que representan las presas de vehículos en nuestra capital, etc. Pero, al menos en quienes ya sobrepasamos medio siglo de vida, provoca grata nostalgia.
Rememoro el serpenteante viacrucis por estaciones y andenes de calor reverberante, permeados por los olores de viandas y suculentas frutas veraniegas, el cual culminaba en aquella linda Puntarenas donde un día, desde la ventanilla de un tren madrugador (¡imagen indeleble y diáfana en mi retina y mi corazón!), conocí el infinito y reluciente mar, y colmé mis sentidos con aromas de marismas y de las enervantes fragancias de la reseda y el ylang-ylang.
Sin embargo, en realidad, ese tren significa muchísimo más. De niños, algunas tardes de sábado Ricardo y yo acompañábamos a nuestro hermano Adrián -quien era contabilista allí- a la estación central del Ferrocarril Eléctrico al Pacífico, donde varios de sus compañeros hacían rueda para disfrutar de nuestras ocurrencias infantiles, y ¡hasta nos daban propina con tal de que les recitáramos en chirrión los nombres de las capitales del mundo!
Asimismo, los hermanos Jorge -y su hijo Jorge Luis-, Walter y Joaquín Espinoza, primos de mi madre, así como Hernán Roldán, cuñado de ellos, trabajaban ahí, casi todos como maquinistas, por lo que cuando visitábamos sus casas nos deleitábamos con abundantes historias ferroviarias.
Además, mi infancia y adolescencia estuvieron marcadas por el tren, pues los agudos y puntuales pitazos de la locomotora -que se iniciaban desde las 5 a.m.- ya estaban incorporados al reloj biológico de los habitantes de Sabana Sur. Al respecto, era célebre la anécdota de Paco Amerling -por vivir de las rentas, dormía hasta tarde- y a quien la empleada doméstica siempre despertaba al pasar el tren de las 9 a.m.; una mañana en que amaneció irritable, cuando ella le advirtió que ya venía el tren, respondió: “Idiay… ¡no friegue! ¡Acaso estoy durmiendo encima de la línea!”.
Pero, como la línea corría por todo el costado sur de La Sabana, la utilizábamos para divertirnos -en los regresos al mediodía desde la lejana Escuela Don Bosco- saltando entre los durmientes o haciendo de equilibristas sobre los rieles. También, a menudo colocábamos corcholatas -que hacían en una fábrica cercana, donde hoy está la Contraloría General de la República- y clavos sobre los rieles para que el tren las aplastara, y así contar con monedas ficticias y pequeñas navajas.
Estando en esas, más de una vez se nos paralizó la respiración, al percatarnos de que algún motocar o un tren extemporáneo se aproximaba veloz. E incluso nos tocó presenciar con tristeza, tras horrendos frenazos de agudísimos metales, la muerte de indigentes o ebrios, arrollados por el tren.
No puedo olvidar que muchos sábados por la noche corríamos con los primos a la esquina de La Floresta, para esperar el tren de regreso, seguros de que el tío Ricardo -cuando trabajaba en Barranca con el Consejo Nacional de Producción- lanzaría desde su ventanilla un gran saco con coyoles o castañas de fruta de pan, para que lo recogiéramos en el zanjón paralelo a la línea y lo lleváramos a su casa. Después él llegaba en taxi, y complementaba con jugosos marañones, nances y caimitos aquella frutería porteña.
¡Qué lindos recuerdos! Por eso es que me quedó un dolor de tren, un vacío irreparable en el corazón, cuando la torpeza del gobierno de José María Figueres lo clausuró, sin visión de futuro.
Y tan solo pude paliar esa ausencia hace pocos años en una visita a California, donde el tren me llevó por gran parte de su bella costa, y otra a Barcelona, cuando viajé a Francia a lo largo del espléndido Mediterráneo. Me transformé en niño, de nuevo, raudo ante el estático entorno que quedaba atrás, sintiendo el vértigo de volar en tierra, devorando con la mirada interminables horizontes de verdor y aguas azules. ¡Qué placer!
Bueno… y ya que algunos hoy hablan de restablecer en el futuro nuestros ferrocarriles más allá de la capital, no puedo sentir más que alegría. Porque, aparte del gusto en sí mismo de poder viajar de nuevo en tren, eso podría permitirme saldar una deuda pendiente con mis sentimientos: recorrer la vieja vía entre San José y Limón.
Nunca lo pude hacer. Eso sí, de seguro me detendría en esa querida estación de Turrialba para, inspirado en las bellas imágenes del amigo escritor Rafael Ángel Velásquez, “volver a sentir la primera sacudida del trepidante ferrocarril, rugiente forajido en el acontecer de aquel villorrio -soñoliento como lo está nuevamente hoy-, cuando el pitazo de la locomotora que, estornudando su vapor, se introdujo por la ancha puerta del siglo, dejando sus bocanadas de humo negro en un inagotable reguero, mientras se fumaba la hulla caracoleada en medio de nuestros montes. Gusano enorme que serpenteando nuestro inmenso río, llegó arrastrándose entre peñas y barrancos por sobre el canal de rieles, como lo imaginó nuestro soñador gobernante [Tomás Guardia], cuando decía, ferrocarril a todo trance, ferrocarril aún a través de lo imposible”.
Ese ansiado día quizás recitaré en silencio aquellos versos de Pablo Neruda dedicados a su hosco padre, quien fuera un maquinista cuya “vida fue una rápida milicia / entre su madrugar y sus caminos” y un grave día no regresó de su faena.
Diré que: “el ferroviario es marinero en tierra / y en los pequeños puertos sin marina -pueblos del bosque- el tren corre que corre / desenfrenando la naturaleza, / cumpliendo su navegación terrestre”. Y lo haré mirando con deleite los pequeños poblados linieros que un grato día de hace más de 30 años pude ver desde aquel viejo tren de la Northern Railway Co. en el breve trayecto entre Limón y Penshurt, rumbo a Cahuita.
Esas imágenes se incrustaron en mi corazón y mi memoria, no solo por el desmesurado verdor de tan exuberantes tierras caribeñas, sino sobre todo por la impronta indeleble de una raza y una cultura negras que llegaron para construir el ferrocarril y -a pesar del paludismo devastador de los obreros italianos y chinos, así como de tantas otras adversidades- ahí están incólumes, con irreductible vigencia, enriqueciendo nuestra nacionalidad.
Sí, ¡que regresen los trenes del ayer! ¡Por favor!
sábado, 15 de agosto de 2009
Diputados paperos afirman requerir servicio tanto como los heredianos*
Exigen respuestas sobre tren para Cartago
• Se remiten a números por el orden de los 200 mil habitantes, que diariamente viajan a trabajar a otras provincias dentro del casco metropolitano
Las presas al final, en el medio y al principio de la autopista Florencio del Castillo, así como el gasto en tiempo y en combustible, y el impulso que tendría la economía cartaginesa hace que los diputados paperos de distintas fracciones urjan casi a gritos la reactivación del tren de pasajeros.
Entre una hora y media o dos horas y media afirman los congresistas de la Vieja Metrópoli haber tomado para llegar hasta San José desde su lugar de habitación, sobre todo en las horas pico, lo cual afecta muchos aspectos de la vida personal y económica de sus coterráneos.
Igualmente, la instalación hace algunos días del servicio de tren de pasajeros a Heredia enciende los sueños de los diputados que afirman que no necesitan ellos dicho medio de transporte menos que los habitantes de la Ciudad de las Flores el suyo.
Trabajadores de la GAM
Carlos Pérez, del Partido Liberación Nacional, al igual que el libertario Carlos Gutiérrez, destacó que miles de cartagineses todos los días abarrotan las vías con rumbo josefino para ir a sus trabajos no solo en la ciudad capital, sino también en Alajuela y Heredia.
“Se debe hacer un esfuerzo, que beneficiaría por lo menos a cinco cantones, que puede significar una población trabajadora de por lo menos 300 mil habitantes, y que evitaría la contaminación excesiva de los carros, buses y hasta camiones”, afirmó Pérez.
El liberacionista recordó las odiosas presas por el exceso de tránsito en las vías de ingreso a San José, a la vez que indicó que el derecho de vía está, así como los rieles.
Estudios deberían estar
Pérez indicó que desde hace tres años se hace la solicitud a Miguel Carabaguíaz, jerarca de la institución, por lo cual ya deberían estar listos los estudios realizados por el Incofer, para asegurar la existencia del tren para los cartagos lo más pronto posible.
Patricia Quirós, del Partido Acción Ciudadana (PAC), quien señaló que habita en Paraíso, indicó que el principal problema es la economía de tiempo, así como lo que significaría para lo que cada cartaginés gasta en combustible y lo que significa la quema de este para el ambiente.
“Un tren eléctrico ayudaría mucho a disminuir la contaminación, al tiempo que el aspecto de tranquilidad y comodidad del pasajero también son aspectos por valorar. Nosotros habíamos enviado la nota al Incofer desde el año pasado, por lo que esperamos una repuesta a corto plazo”, apuntó.
Competitividad
Para el libertario Carlos Gutiérrez es muy digno de tomar en cuenta la pérdida de la competitividad que podría estar sufriendo la antigua sede del gobierno costarricense, ante el auge de parques industriales y la aparición de empresas en Alajuela y Heredia, zonas que presentan la ventaja de un mejor acceso al Aeropuerto Juan Santamaría.
*Tomado de Prensa Libre Online
• Se remiten a números por el orden de los 200 mil habitantes, que diariamente viajan a trabajar a otras provincias dentro del casco metropolitano
Las presas al final, en el medio y al principio de la autopista Florencio del Castillo, así como el gasto en tiempo y en combustible, y el impulso que tendría la economía cartaginesa hace que los diputados paperos de distintas fracciones urjan casi a gritos la reactivación del tren de pasajeros.
Entre una hora y media o dos horas y media afirman los congresistas de la Vieja Metrópoli haber tomado para llegar hasta San José desde su lugar de habitación, sobre todo en las horas pico, lo cual afecta muchos aspectos de la vida personal y económica de sus coterráneos.
Igualmente, la instalación hace algunos días del servicio de tren de pasajeros a Heredia enciende los sueños de los diputados que afirman que no necesitan ellos dicho medio de transporte menos que los habitantes de la Ciudad de las Flores el suyo.
Trabajadores de la GAM
Carlos Pérez, del Partido Liberación Nacional, al igual que el libertario Carlos Gutiérrez, destacó que miles de cartagineses todos los días abarrotan las vías con rumbo josefino para ir a sus trabajos no solo en la ciudad capital, sino también en Alajuela y Heredia.
“Se debe hacer un esfuerzo, que beneficiaría por lo menos a cinco cantones, que puede significar una población trabajadora de por lo menos 300 mil habitantes, y que evitaría la contaminación excesiva de los carros, buses y hasta camiones”, afirmó Pérez.
El liberacionista recordó las odiosas presas por el exceso de tránsito en las vías de ingreso a San José, a la vez que indicó que el derecho de vía está, así como los rieles.
Estudios deberían estar
Pérez indicó que desde hace tres años se hace la solicitud a Miguel Carabaguíaz, jerarca de la institución, por lo cual ya deberían estar listos los estudios realizados por el Incofer, para asegurar la existencia del tren para los cartagos lo más pronto posible.
Patricia Quirós, del Partido Acción Ciudadana (PAC), quien señaló que habita en Paraíso, indicó que el principal problema es la economía de tiempo, así como lo que significaría para lo que cada cartaginés gasta en combustible y lo que significa la quema de este para el ambiente.
“Un tren eléctrico ayudaría mucho a disminuir la contaminación, al tiempo que el aspecto de tranquilidad y comodidad del pasajero también son aspectos por valorar. Nosotros habíamos enviado la nota al Incofer desde el año pasado, por lo que esperamos una repuesta a corto plazo”, apuntó.
Competitividad
Para el libertario Carlos Gutiérrez es muy digno de tomar en cuenta la pérdida de la competitividad que podría estar sufriendo la antigua sede del gobierno costarricense, ante el auge de parques industriales y la aparición de empresas en Alajuela y Heredia, zonas que presentan la ventaja de un mejor acceso al Aeropuerto Juan Santamaría.
*Tomado de Prensa Libre Online
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